Un mecánico harto de sacar coches del lodo con cuerdas inventó la grúa de arrastre. Más de un siglo después, esta es la historia detrás de cada rescate.
Chattanooga, Tennessee, 1916. El mecánico Ernest Holmes Sr. tardó ocho horas —con cuerdas, bloques y seis hombres jalando— en sacar del arroyo el Ford T de un amigo. Terminó empapado, molido y convencido de una cosa: tenía que existir una forma mejor.
La inventó él mismo. Montó una pluma con poleas sobre el chasis de un Cadillac 1913 y nació la primera grúa de arrastre de la historia. La patentó en 1919 y su empresa acabó siendo el mayor fabricante de grúas del mundo. Hoy Chattanooga presume museo y salón de la fama del oficio. Todo por un coche atorado.